Cuando las bombas estallaron en la Changa

A lo largo de las escuelas, liceos, centros de lucro, o como quieran llamarle, de Chile, son contados con los dedos de una mano las veces en que se habla de “Coquimbo como tal”, generalmente se le asocia a la región del Valle del Elqui y su onda mística-paranormal o por los piratas con pierna de palo y mano de garfio alimentado por las triquiñuelas de Disney y un largo etcétera . Pero existe otro hecho que el paso de los años ha tapado y que también juega la mala intención de otros tantos… vamos al asunto mejor!
La gente en Coquimbo acudió tempranito al los embarcaderos a “sapear” en la tarde del 6 de septiembre del 1931; los rumores corrían de arriba abajo en la ciudad, hace unos días ya que una gran parte de la Armada se declaró en “rebeldía” frente al gobierno de aquel entonces, y escogieron entre partes del país a Coquimbo para alimentar un levantamiento masivo de la ciudadanía en general. Nace así la idea de lanzar una “revolución social” protegida en este caso por los marinos.
Para cachar un poquito lo que sucedía en Chilito, este país fue afectado por los coletazos de la crisis económica del 1929, el famoso Crack del 29 (Saludos les manda sus profes de Historia de 4 medio) y la gente como siempre fue la primera en sentir el golpe, las industrias cierran, las salitreras agonizan ya que en Alemania se crea un salitre sintético que sustituye al que saca en Chile hay quedo la guerra del Pacifico y los cités, conventillos, la marginalidad aflora por todas parte, los gobiernos caían y caían, uno tras otro, es la llamada Anarquía. Los marinos en su sublevación querían confraternizar con la gente y exigieron: División de la tierra, "Solidaridad de las industrias" y que la carga de la deuda externa fuera principalmente solventada por los "millonarios". Para la Oligarquía en Santiago esta tropa de marinos habían llegado demasiado lejos.
Volviendo a los sapos que se asomaban en los embarcaderos, los relojes marcaron las 5 de la tarde y un par de minutos, y a lo lejos los señores (algunos estaban medios “felices”) gritaban que se veían un “par de jotes gigante” volando a lo lejos mientras el infaltable efecto vieja histérica hacia lo suyo con otro grupo de gente que corría por la Plaza de Armas hacia la Iglesia de San Pedro porque se “Resguardarían de los jinetes del Apocalipsis”… la cosa es que no eran ni jotes, ni jinetes ni ovnis del místico Valle del Elqui ¡No!
Eran nada más ni nada menos que aviones de guerra, y es que los amigos del centralismo santiaguino ordenaron a los aviadores hacer honor al “Por la razón o la fuerza” y neutralizar a la escuadra. Todo resulto en un bombardeo medio cuneteao (hasta las imágenes en que se informo en los diarios estaban medias truchas y retocadas”). Los marinos fueron tomados prisioneros y juzgados en consejos de guerra, algunos pagaron con sus vidas. El tiempo les daría la razón, al poco tiempo se declararía la República Socialista de Chile para terminar con la miseria de la gran crisis económica y social que vivía Chile (en esta administración varios marinos tendrán una amnistía a las condenas). Coquimbo vio nacer un anhelo, si pues, la Changa Beach vio uno de los episodios más olvidados de la historia chilena del siglo XX.