martes, 13 de noviembre de 2012

¿El hombre perro?

Foto de http://historiadecoquimbo.blogspot.com/ 









Por: Felipe T. Parra  

Saludos amigos de Cuarta Avenida, quizás el título suene a algún video viral del momento en Youtube o alguna nueva película de Bollywood (los hindúes y sus películas loquillas) pero no, y les dejo la duda ¿Qué cosa es de lo más característico de las ciudades chilenas y de nuestra región? Algunos podrán decir que los parquímetros (¡que pucha que hay!)  o otros dirán  cualquier respuesta sobre la fauna urbana , pero de lo más característico son los quiltros chilenos, algo así como los Ewoks de Star Wars pero en versión chilensis, leales pero a la vez feroces, una postal característica…

Y allí comienza esta historia, para la que les pido irse en un viaje en el tiempo al Coquimbo de nuestros viejos o de nuestros abuelos, ese que se ve en blanco y negro en imágenes antiguas obviamente sin palmeras en cada metro cuadrado, es que ese Coquimbo de calles de tierra que en invierno formaban cascadas de piedra en caída libre desde la Parte Alta que convertía al empalme en verdaderas arenas movedizas, con un tren que pasaba en medio de la calle principal lanzando humo y chiflidos que eran nada más un recordatorio de la bulla que se vive hoy, y que como todo Puerto tenía su gran vida bohemia (Varela y ustedes saben lo que sigue)

Bueno en esos años… se comentó que los “Farkas locales” sufrían robos por parte de un “ser”  con aspecto de perro, pero lo más entretenido de todo es que ocurría  cuando los tipos salían de bares y casas de “señoritas”. Al poco tiempo muchos aseguraban a los serenos y policías de que sufrieron robos por parte del “Hombre Perro” y a los días lo publicaban los diarios como el Regional y el Norte (estaban en su salsa)  y en el deporte del “pelambre” entre los coquimbanos se convirtió en Trending Topic. Pero al poco tiempo estos ataques se volvieron una  constante y la gente se empezaba a resguardar temprano en sus casas sobre todo en la Parte Alta de donde se decía que la criatura bajaba por Lastra, Freire y todas esas calles lanzando aullidos y gritos de todo tipo.

La cosa es que mucho se especuló, incluso se decía que hasta no era un perro si no que era una de las bailarinas de un burdel llamado “Copacabana” y que el nombre de la bailarina era “La Merengue”; otros decían que era un trabajador del puerto que se ponía la piel de un quiltro como traje para asustar a los vecinos y para obviamente ganar algo de fama (mientras la prensa seguía copando sus portadas con titulares de aquellos como “El Hombre perro no da tregua” etc.). Hasta que misteriosamente, no atacó más.

Explicaciones a su desaparición, muchas no hay salvo que fue detenido, que se mudó de Coquimbo o que sencillamente falleció a manos de los que asaltó. Lo cierto es que para la historia popular de nuestra ciudad quedará para siempre irremediablemente como nuestro Jack El Destripador o el Robbin Hood coquimbano, pero claro, con toque chilensis, con piel de quiltro, como una de esas historia pa’ la posteridad de nuestra ciudad.