#ElHistórico Juegos de Azar y... ¡¿Libros?!
Por: Felipe T. Parra / @Felipe__TP
Hubo un tiempo en que gran parte de los coquimbanos fueron hijos la educación pública. Aquella en la que no existía ni internet y ninguna de las bondades de la tecnología como copiar y pegar (frase más que cliché entre los viejos, y los no tan viejos). El Icarito y los recortes eran parte de los mandamientos del estudiante y las fotocopias eran todo un tema. Uno tiende a creer que los estudiantes de aquella época (en especial los de finales de los 70') no tenían más opción que recurrir a la institucionalizada y siempre recordada Casa de la Cultura que hoy conocemos para sus quehaceres educativos, pero no, ellos debían acudir a un centro municipal ubicado en Wenceslao Vargas, en el sector Llano que cumplía en algo el rol de "casa de la cultura". ¿Por qué? Te lo contamos en está columna
Nosotros, los que vemos a la Bebida Free como lo más retro de lo retro, los que nos educamos no en educación pública, si no que en la municipalizada, seguramente en más de alguna ocasión nos vimos llegando a aquel edificio cuadrado pintado con murales al más puro estilo Titanic. Pero a diferencia de nuestros padres, nosotros no vamos a usar los libros de aquella biblioteca para estudiar; es verdad, existen fuentes en Internet Wikipedia que nos facilitan la vida, por ende nuestras visitas generalmente eran en cursos, a muestras de arte o charlas que acortaban la mañana de clases. Algo contradictorio, ya que los que más información tenemos, podemos acceder libremente a este edificio municipal. Peeeeero no siempre ha sido así y hay un solo culpable: el juego, los traga monedas y la adicción.
Todos, coquimbanos de carnet o de espíritu, sabemos que siempre tendremos en nuestra mente el casino en Peñuelas que gracias al Enjoy parece una nave imperial de Star Wars, o algunos más veteranos recordarán ese antiguo Casino pintado de blanco con un tejado que parecía una casita de campo, con luminarias rojas en la cúspide. Pero en algún momento de nuestra historia la Casa de la Cultura se convirtió en el Casino Municipal. ¡Sorpresa! ¿Para qué cambiar libros por traga monedas? ¿Para qué transformar una Hemeroteca en un bar abierto?
Era el año 1977, el toque de queda seguía siendo un fantasma para las familias chilenas y el trauma de los hechos ocurridos hace cuatro años era algo que se podía sentir en el aire. Los buses Libac seguían cumpliendo sus recorridos y salían a Santiago o al norte desde el Empalme (no existía el actual Rodoviario), llenándose de pasajeros en épocas estivales. Mientras que el Casino de Coquimbo funcionaba en Peñuelas, operando en un mismo edificio por 40 años ininterrumpidos y sin remodelaciones. Se requería con urgencia una nueva edificación.
La municipalidad a regañadientes, ve complicados sus ingresos con este cierre momentáneo del Casino, por lo que no se le ocurre nada mejor que "trasladarlo" al corazón del puerto en lo que hoy conocemos como la Casa de la Cultura, eso sí, hay que remarcar, que era lo único con cierta vida en esa zona ya que el Barrio Ingles comenzaba a quedar relegado. Pero, la bohemia en Coquimbo no moriría, ni con toque de queda, ni con el terremoto que ocurrió en 1975 en la región, menos con las filas inmensas de automóviles y citronetas al costado del Casino "momentáneo".
A mediados de los años 80' la película "Tiburón" llega al Cine O'higgins frente a la Plaza de Armas, y ya la Municipalidad podía respirar algo más tranquila: El nuevo edificio del Casino estaba construido y listo para funcionar (la que anteriormente llame "casita de campo"), por lo que el juego y las fiestas volvían a Peñuelas. Un par de años después, cerquita del Casino, un hombre vestido de blanco llamado Juan Pablo reuniría a miles de personas en el Club Hípico marcando un hito para la historia de la ciudad. Hoy, vemos el coloso de Enjoy, muy distinto del otrora casino inaugurado por el año 1935.
Muchas generaciones seguramente seguirán visitando esta Casa, a ver alguna presentación musical o quizás ellos mismos a dar un concierto o a hacer una exposición de su arte (y destacar también el segundo aire tomado por el edificio gracias a la restauración del Barrio Inglés). Hoy la hemeroteca, los libros, las colecciones de arte y las exposiciones cobran más valor que nunca sin importar el "bombardeo tecnológico", porque a pesar de que gracias a esta tecnología hoy esta columna llega a ustedes, también es gracias a los archivos, a los recuerdos y a lo que "se dejó guardado para la posteridad", todo aquello que hoy precisamente, es resguardado para la comunidad en nuestra Casa de la Cultura de Coquimbo.
