martes, 25 de junio de 2013

#ElHistórico - El Rasputín elquino.

Por: Felipe T. Parra / @Felipe__TP

"El frío de Coquimbo se ha vuelto tan terrible como el que se siente... ¡En Rusia!", comentaba el otro día una señora al chófer en el colectivo, mientras yo trataba a toda prisa de desenredar los audífonos (no tenía ganas de saber en qué terminaría esa conversación), pero por suerte logré mi cometido. Mientras escuchaba música, se me vino a la mente la exagerada comparación de la señora: "¿¡Rusia!?" pensé, mientras imágenes de botellas de vodka, gorritos rusos y Lenin resucitando en un capitulo de Los Simpsons pasaban por mi mente. De tanto pensar, el colectivo estaba pasándose de mí casa, así que me baje rápidamente.

Ya en mi casa, recordé algo que volvió a poner en la órbita de mi mente a Rusia: A Rasputín. ¿Quién era Rasputín? ¿El personaje malvado de una película de Disney? Si po, pero en realidad Rasputín era un monje ruso que decía ser "tocado por la providencia" y que se convirtió en un protegido de la familia real rusa por curar los dolores del único hijo del Zar. Yo, algo confundido (y ocioso) entre a Internet a ver sobre la vida de este personaje que, al final, resultaba aparecer entre mis curiosidades productos de un mero comentario del clima de una señora en el colectivo... Puff!

Mientras veía las imágenes ya no era curiosidad lo que sentía, si no que gran asombro: a este sujeto, muerto hace tanto tiempo, parte de la historia del mundo, de una tierra lejana... creo haberlo visto en un libro sobre  historias regionales. ¿WTF?. Hasta que en un momento todo calzó como dicen, me acordé del Cristo del ElquiAquí parte esta épica historia:

Corría Marzo de 1931, los periódicos de la época no tenían descanso, eran años muy difíciles para Chile en lo político y lo social, pero en el Elqui la vida continuaba ensalzada con un rumor que se agrandaba como una bola de nieve: "Mañana a la hora de almuerzo, en el árbol grande cerca de la plaza de Montegrande, él volará" era la consigna entre los habitantes de Pisco Elqui y alrededores, que sin pensarlo mucho acudieron al "evento místico". Allí estaba él, el hombre de la convocatoria que mientras hablaba hacia el cielo, pummmm, cayó seco al suelo.

Este hombre se llamaba Domingo Zárate Vega, ¿sus orígenes? No están claros, se dice que nació en el seno de una familia acaudalada en el Valle del Limarí, precisamente en Río Hurtado por allá por el 1898, mientras otros dicen que en cambio que el era de la V región. Para rematar, tampoco está claro desde que momento "fue tocado por el de arriba", muchos dicen que nunca en realidad, simplemente simulaba porque descubrió que era buen negocio vivir de las limosnas de sus fieles. Otros,  aseguran que tenía tanta riqueza, que en una noches de copa sufrió una revelación que lo trastornó y llevó a vivir la vida austera, aunque la más aceptada en el Valle, es que vio la luz luego de la dolorosa muerte de su papá.


Su fama para el 1931, obligó al Obispo de La Serena, el recordado José María Caro, a escribir una carta abierta a la comunidad, invitando derechamente a enviar a nuestro Mesías al manicomio. Pero más que al manicomio, nuestro Mesías seguía recorriendo ese alocado y extraño Chile de los años 30' como lo decían las crónicas periodísticas de esos años, que en su visita a Santiago fue aclamado en la Estación Mapocho por una muchedumbre que entró en catarsis con su imagen, mientras el Cristo del Elqui anunciaba el fin del mundo. Todo muy 2012 o sacado del canal Infinito.


El fin del mundo no llegó, y Domingo ya no apareció más, ni en la prensa, ni encaramado entre los árboles del Valle. Murió olvidado en 1971, pero seis meses después, el anti poeta Nicanor Parra le dedicó un libro llamado Sermones y prédicas del Cristo del Elqui, reeditando una nueva entrega en el 1979. Cabe destacar que ha sido protagonista recurrente en las obras de Hernán Rivera Letelier quien lo menciona en el Arte de la Resurrección recientemente en el 2010.

Bautizos en las aguas del Elqui, apóstoles y delirios, una historia digna de contar es esta la de nuestro Rasputín Elquino, no llegó a Disney como el otro, pero al menos aquí en 4avenida le recordamos. Y como gritaba Nicanor: ¡Aplausos para Nuestro señor Jesucristo!