domingo, 16 de junio de 2013

#Columna - La Maldita PSU


Por: María Loreto Palma / (@LorePalma)
Es Junio, casi mitad de año y empieza la cuenta regresiva para lo que ha atemorizado tanto nuestra vida estudiantil: la PSU.

Seguramente si estás cursando tus últimos años de enseñanza media, sabrás por qué esta palabra es tan repudiada por los jóvenes chilenos. Es difícil pensar que tan sólo una prueba puede definirte, catalogarte e incluso rotularte, porque seamos sinceros, si no alcanzas al menos los 600 puntos, “no eres nadie”. Es como si 3 horas resumieran tus 12 años de escolaridad, absurdo.

Algunos optan por inscribirse en pre universitarios, y otros simplemente por la auto preparación. Es un tiempo en el que tienes que “sacarte el jugo”; levantarse a las 6 de la mañana para acostarse, muchas veces pasada la medianoche; cumplir con las exigencias del colegio y mantener una vida social – dentro de lo posible – parece ser poco, sobre todo cuando no estás preparado para asumir tantas responsabilidades. 

Las infinitas jornadas de ensayos, las lateras charlas de los profes, la famosa fórmula para calcular puntajes, el arte de omitir, las ferias vocacionales y los intentos desesperados de las universidades para que te postules a ellas, dándote lápices y llamativos folletos en los que te “pintan” carreras ideales y perfectas, son algunas de las cosas que experimentas cuando estás en este momento de tu vida.

La PSU se define como “un instrumento utilizado por las universidades chilenas, para seleccionar a sus estudiantes mediante la medición de capacidades y conocimientos”, pero todos sabemos que esa descripción no se cumple como debería. La PSU no es más que una instancia en la que se refleja la inmensa desigualdad entre las instituciones educacionales de nuestro país, y en donde los buenos puntajes son contados con la mano.

La gran parte de los nacionales son obtenidos por alumnos de colegios pagados –esos que tienen profesores particulares, apellidos ingleses, asisten a preuniversitarios privados y parecen ser todos nacidos en Gringolandia– es más, estoy segura que si algún colegio municipal obtiene un puntaje sobresaliente, sería por el mérito propio del alumno, porque la educación ahí, digamos que… es un poco diferente. 

¿Qué queda para el niño que no recibió una buena educación?,  o ¿al que no le alcanzó el dinero para costear un colegio privado? Tiene que rendir la misma prueba, con la misma exigencia, pero quizá no con el mismo éxito. No es justo que nuestro futuro sea dictaminado por la calidad de enseñanza que recibimos, la cual no depende de nosotros, sino de la paupérrima capacitación a los docentes y la mala organización de los establecimientos, aunque ahí entraríamos en otro tema.

Lamentablemente, así funciona esto, y no queda más que “agachar el moño” a pesar de las numerosas manifestaciones contra este tipo de irregularidades. Seremos víctimas de esta prueba quien sabe por unos cuantos años más. 

La PSU 2013 ya tiene fecha de aplicación; 2 y 3 de diciembre fueron los días elegidos por el Consejo de Rectores, para luego efectuar la publicación de resultados el 26 del mismo mes. Por ahora, no puedo decir con certeza si realmente es tan terrible como la mayoría opina, o si sólo es una prueba más a la que hay que enfrentarse. Lo único cierto, y que puede sonar como un cliché, es que la PSU no significa la vida y no vale la pena obsesionarse con ella. Somos mucho más que eso.

A todos mis compañeros de generación: tranquilidad, ánimo y éxito. Nos vemos en diciembre.