martes, 21 de mayo de 2013

#ElHistórico - Venas humeantes del Elqui


Hoy es necesario avanzar y dar un paso más adelante, dejar la Conurbación, pero ni tanto tampoco, simplemente darnos una vueltita histórica por un lugar que marca a nuestra región casi como una especie de “retiro natural” de Coquimbo y La Serena (y porque no del país). Hablo del Valle del Elqui.

¿Quién pensaría hace 100 años, que en este valle entre parrales y cabras, saldría al mundo la primera mujer latinoamericana que obtendría un Premio Nobel? ¿O que se tejiera aquí la historia viral sobre la caída de objetos voladores más documentada de Chile huele a tongo? Difícilmente pasaría eso por la mente de los arrieros o campesinos de la zona.

Esta historia transcurre entre canastos de huevos duros, churrascas y tortillas de rescoldo:   se siente a lo lejos un sonido seco como el choque de dos tuercas, el reloj marca las 12 del mediodía, y en un pestañeo, una locomotora lanza un chiflido que da la impresión que puede llegar a retumbar en el Cerro Grande. Nos encontramos en la estación de trenes de La Serena (que aun existe, frente al parque Japonés), niños chicos van del brazo de sus padres, que con generalidad, los hijos superan a los 5 por familia no había tele en esa época. ¡Todos deseosos de abordar rápidamente el tren! y deseosos de su bono opus deista

Su inauguración data de finales del siglo XIX, años en que Chile vivía la riqueza del salitre y necesitaba tirar carreteras ferroviarias pa’ unir las nuevas zonas “chilenas" como verdaderas venas que lanzan al pasar vapor. Su recorrido original llegaba hasta la localidad de Marquesa, pasando por Las Rojas, hasta que el Estado de Chile decide comprar la red de ferrocarriles y logra llegar hasta Rivadavia, bordeando el río Elqui, convirtiendo a Vicuña en el centro de la actividad en el Valle, y dándole vida a un tal pueblo de Gualliguaica (el pueblo hundido por el Puclaro).

¿Grandes tragedias en esta ruta? Lamentablemente las hay; ocurrió en el invierno de de 1971, cuando una locomotora llena de jóvenes estudiantes por fallas en los frenos “rodo” hacia abajo por las líneas ferreas descarrilándose en el pueblo de Gualliguaica, varios jóvenes murieron y hubo casi un centenar de heridos. Hasta hoy se les recuerda, eso sí, Gualliguaica debido a la inundación para el embalse Puclaro se traslado “cerro arriba”.

Volviendo a las familias que esperaban ansiosas para abordar el tren, estas se sentaban en las grandes butacas mientras el encargado pasaba recogiendo los boletos, las distancias de ese entonces obviamente no son las de hoy, un viaje por más corto que pareciera era toda una ceremonia, que primero las canastas con el “cocaví”, repartir entre la familia, mientras uno que otro empezaba a guitarrear o a cantar tangos, pasándose de vagón en vagón no es comparable con los que ponen celulares en la micro a todo volumen y sin audífonos. Finalmente las familias llegaban a destino, si el caso era Vicuña, y más aun en Septiembre, se celebraba las “fiestas de la Pampilla de San Isidro”, donde la fiesta, el guitarreo, los huevos duros, el mate y las churrascas, continuaban haciendo de las suyas.

Hoy el Tren Elquino no existe, aproximadamente en la década de los 80 comenzó su desmantelación, pero no son pocas hoy las voces (sobre todo en Vicuña) que piden su regreso como ruta turística en torno a la figura del Pisco y de Gabriela Mistral, lo que sí no son pocos los que dicen a veces sentir el chiflido de aquella locomotora otra vez saliendo desde la antigua estación.

Por Felipe T. Parra