#ComiendoPalomitas - La Vida es Bella
Hace algunos (bastantes) meses, mientras todavía iba al colegio, en la clase de Artes se nos hizo elegir una película para analizar a su director y, por ende, el film elegido. Sin pensármelo mucho, elegí “La vida es bella”. Tengo que decir que casi morí de la impresión, y la decepción, al ver que la gran parte de mi entonces curso, no conocía esta hermosa película y me pregunté cómo habían vivido hasta entonces esas pobres criaturas sin rumbo.
A todo aquel desgraciado ser humano que ha vivido sin saber de esta bellísima y triste historia, tengo que contarle que La vida es bella, o La vita è bella, en su idioma original, es una película italiana de 1997, escrita, dirigida y protagonizada por Roberto Benigni, que se ambienta durante el inicio, el desarrollo y el término de la Segunda Guerra Mundial.
Guido Orefice, un chiquillo de origen judío que llega a un pequeño pueblo de La Toscana para abrir una librería. Allí, se enamora irremediablemente de una profesora de nombre Dora, a quién llama Princesa cada vez que puede. Luego de algún tiempo, se gana el amor de la joven, se casan y tienen un hijo a quien llaman Giosuè. Pero resulta que, como todos sabemos, las cosas en europa, y en todo el mundo en realidad, se ponen color de hormiga y la familia entera termina en un campo de concentración.
Aquí Guido idea la manera más mágica de ocultar los horrores de los que son víctima las personas que les acompañan, del peligro que corren sus vidas, y de paso nos hace llorar un océano completo (porque hasta los más rudos lloran con esta película). Guido le inventa el tremendo cuento a su hijo diciéndole que en realidad están en una especie de concurso cuyo premio es el medio tanque automático que será propiedad del niño que logre juntar 1000 puntos. De esta manera, Guido explica a Giosuè la presencia de militares, le da razones del porqué no tiene llorar o llamar a su mamá, puesto que si se las da de niño mimado le van quitan sus puntitos y más lejos de su tanque va a estar. Así, este padre se la pasa protegiendo a su hijo de toda esta situación llena de maldad, pero maldad de verdad si pues.
La vida es bella no es la típica película en que vemos cómo los malulos de los nazis torturaban a judíos, homosexuales o gitanos, sino una bella historia de amor que se desarrolla en la situación más hostil. Aquí no te pintan al rubio bruto que le maltrata a la gente porque sí. Es una película capaz de hacerte reír o llorar en momentos inesperados, que te hace pensar, que te llega y que te deja moqueando en un rato porque de verdad te da pena, osea, el tipo le inventó el tremendo cuento al cabro chico para que no se traumatizara mientras él cargaba con todo. No es menor.
En lo personal, me parece una muy linda película. Triste, pero linda. Mezcla de manera tan extraña la felicidad, la tragedia y la inocencia que hace que cada vez que la vea quede rallando la muñeca, peinando la papa y gritando un “¡Buenos días, princesa!”. La banda sonora es un plus más para esta verdadera obra maestra, y las actuaciones, im-pre-sio-nan-tes.
No sé qué más decir. Es un clásico de clásicos, y creo que todos deberíamos verla, al menos, una vez en la vida. Y si no, vaya y vea esas mierdas en 3D fomes que tanto les gusta a los niñitos de hoy en día.
Por: Karen Tapia Araya.
