#Columna - Trabajando en el cine
Así, hambrienta de dinero para cubrir mis básicas necesidades adolescentes (léase ropa, mayoritariamente), me vi sentada en una sala de cierta cadena de cine dando una entrevista para el puesto de Asistente de cine.
Siendo la más pequeña e inexperta, me sorprendí al saber que había obtenido el puesto y quiero pensar que fue porque al momento en el que me preguntaron mis motivos para trabajar ahí, respondí instantáneamente “Porque me gusta ver películas”. Según yo, la hice de oro.
Como sea, el tema aquí es que, el trabajar en el cine se hace algo tentador en un principio. Al menos yo, moría de alegría al saber que me la iba a pasar 8 horas diarias entre mundos ficticios, personajes perfectos e historias inimaginables. Si bien con el paso del tiempo se va volviendo algo bastante tedioso, en especial el limpiar las salas y las bolsas de pop corn que descaradamente la gente bota sin pensar en los pobres trabajadores que tienen que despegarlas una por una de las alfombras de cada sala, la sensación es increíble. Recuerdo que cada vez que salía en el último turno, corría a ver el final de Django, o cada vez que entraba a la sala de The Impossible veía la escena del tsunami que separaba a toda la familia, y así con las películas de verano que nunca pude ver completas.
Trabajando allí aprendí todo el trabajo que hay detrás de una cinta no sólo en su producción, sino también en su proyección. Para que estemos cómodos en una sala de cine, un sin número de gente trabaja para que nos sintamos parte de la historia que estamos viviendo por un par de horas. Desde el paquete de palomitas, pasando por la gaseosa fría (más agua que gaseosa), las luces, el aire acondicionado, hasta el mismo film, llega hasta nosotros producto de un arduo trabajo y una gran inversión de tiempo que poco valoramos porque, seamos sinceros, sólo vamos a sentar nuestros grandes traseros y a esperar que nuestro cerebro capte todo. No es mucho esfuerzo el que se requiere.
Si bien, por nada del mundo volvería a trabajar en el cine (al menos en el de La Serena porque el trabajo es mucho y los morlacos pocos) aprendí mucho. Y más que nada se me enseñó a valorar lo que es la cinematografía y todo lo que se liga a ella. Mi amor por las películas creció y aunque sigo siendo un cero a la izquierda en el tema, me instó a querer ver más para sustentar mis puntos de vista al momento de opinar sobre cine y no quedar como una idiota en el intento.
Gracias a todo esto, acepté escribir sobre cine en 4avenida. No soy la mayor experta, pero para opinar, sólo se necesita una cosa, una opinión sólida basada en información sólida.
¡Nos estamos leyendo, señores lectores!
Por: Karen Tapia Araya.
